sábado, 24 de mayo de 2008

Comunicación y Educación

La educación es una práctica social, una acción intencionada que se realiza entre personas con base en unas normas o pautas, dentro de un contexto específico (que no por específico es necesariamente estático o restringido) que tiene por objeto modificar las condiciones primitivas del ser humano, guiarle hacia la autonomía personal e intelectual y propender por su formación.

La intencionalidad a la que se refiere la anterior definición está relacionada con los protagonistas de la educación, esto es con el maestro y el estudiante. El primero manifiesta en el diseño, planeación y desarrollo de la acción misma su intención de enseñar, de transmitir al otro mensajes didácticos, de motivarlo a encontrar explicaciones al mundo que le circunda, a partir del reconocimiento de sus relaciones internas y de explicaciones que puedan estar soportadas en teorías y se puedan verificar empíricamente.

El educando, en tanto, expresa en el acto educativo su intención de aprender, de desarrollar sus aptitudes físicas e intelectuales, de adquirir competencias de diversa complejidad, de modificar sus representaciones de mundo y transformar sus sentimientos y sus dimensiones social, estética y moral.

Lo que distingue esta acción de otras igualmente humanas es que las intencionalidades compartidas, lo son de manera sistemática y especializada; lo que se comparte son producciones culturales que tienen por objeto preservar, transmitir e incrementar unos saberes. Tal acción, así descrita, presupone un intercambio de mensajes significativos y es en este punto donde hallamos la conexión; comunicarse significa compartir, establecer algo en común con alguien; comunicarse supone una negociación e intercambio de conocimientos e ideas. La enseñanza es pues, un sistema de comunicación humana con una intencionalidad particular, que se produce en una institución específica; es un espacio de relación interpersonal, entre por lo menos dos personas, que participan de ella en forma voluntaria mediante la utilización de códigos compartidos, de un universo semántico común y relacionado en mayor o menor medida con la cotidianidad.

“Los encuentros humanos se fraguan en la mirada consentida del otro, en la complicidad naciente de los pares que buscan acercarse al mundo en la igualdad del llamado. En este espacio, los actores se dejan cautivar por el supuesto de la vida. Docentes y alumnos comparten así los momentos mas duros y ligeros de la existencia, crecen juntos y se alimentan en una mutualidad que no pretende mas que la alegría del otro.”
[1] La relación pedagógica tan bellamente descrita aquí por Zambrano, no es otra cosa que una relación comunicativa en la que, por supuesto, el empleo de los Medios es una opción válida siempre y cuando responda a la intención educativa implícita.

“Según se conciba a la educación/comunicación, será el uso de los medios de comunicación en la enseñanza. Y hay dos modos de entender y asumir esta dupla: el vertical y unidireccional, y el que considera al educando como sujeto de un proceso en el que se aprende de y con los otros. En el primer caso, el uso de los medios reproducirá la unidireccionalidad, acriticidad y la imposibilidad de una relación dialógica. En el segundo, ese uso se lo hará en un espacio cuyos protagonistas son verdaderos interlocutores”
[2]. La propuesta de este texto, por supuesto, es la del segundo caso de los aquí relacionados, con un valor agregado, el uso de las Nuevas Tecnologías como recurso que supera las barreras de la distancia y el tiempo y el uso meramente instrumental, al considerar a los estudiantes ya no como el receptáculo de la información, sino como sujetos activos, partícipes y al aprendizaje como un proceso de construcción y recreación del conocimiento.

[1] ZAMBRANO LEAL, Armando. Pedagogía, Educabilidad y Formación de Docentes. Nueva Biblioteca Pedagógica, Santiago de Cali, 2002. Pág. 87
[2] EDUCOMUNICACIÖN. Website elaborada por Raúl Choque, Barcelona, España